Conectando

Continentes

En un mundo cada vez más globalizado nos enfrentamos a condiciones adversas, la paradoja de buscar la unidad en medio de divisiones nos sumerge en universos fracturados donde las rupturas hacen de la conexión una utopía. ¿Cuál es la posibilidad de transformar distancia en proximidad a través del arte? ¿Qué impacto tienen las fronteras, las migraciones y las diversidades culturales en la humanidad y en las artes visuales? ¿Puede el arte realmente unir personas que se sienten diferentes?

Estas realidades desafiantes llevan a Ramón Aular a explorar la diversidad, investigar y reflexionar sobre los valores, actitudes y prácticas que nos permiten sentirnos iguales a pesar de ser diferentes. Tales circunstancias tienen un profundo impacto en la producción artística, influyendo en el artista en cuanto a los temas que aborda, los materiales y técnicas que utiliza, así como en las preocupaciones estéticas que derivan de la interacción entre el arte y las sociedades.

Es así como la necesidad de crear y las posibilidades filosóficas del arte dan inicio al proyecto “Conectando continentes” donde las acciones se dirigen al ejercicio visual de unir culturas mediante los sucesos del arte. La idea de vincular comunidades diversas y distantes mediante el lenguaje artístico es motor fundamental para consolidar este proyecto que hoy alcanza ya más de 10 años de experiencias.

En manos de Aular nace en el 2014 la obra principal de este proyecto, un lienzo en el cual el artista representa la belleza orgánica de la orquídea Cattleya mossiae, símbolo de identidad de Venezuela por ser nuestra flor nacional y que ocupa un lugar importante en la representación de las realidades del país, donde Aular creció y desde el cual se conecta y se enlaza como artista responsable con los distintos escenarios del mundo que ha visitado.

Este lienzo portador de la orquídea ha sido conservado durante todo este tiempo en un recorrido por más de 30 países, para florecer en las apropiaciones y significados que cada cultura ha hecho de él, mediante el cual se ha logrado la conexión física y emocional con pueblos diversos, de geografías apartadas y de difícil acceso, pero quienes ante la presencia del arte se hacen uno con la obra, quedando vinculados y retratados por la mirada fotográfica de Aular, quien documenta el viaje del proyecto en cada localidad, tejiendo grandes almas en la memoria visual que observamos en compañía del lienzo.

UNA ORQUÍDEA EN EL DESIERTO

Trascender fronteras y conectar comunidades superando límites de lenguaje, de género, de credo o religión, de orientaciones sexuales o clases sociales, es la misión de esta orquídea para con el proyecto. Ella, la obra, es el canal para llevar a todos y todas, el fenómeno artístico que sale del museo o las galerías hacia las calles, a casa de quien invita o recibe, al templo de quien ora, al desierto árido o el mercado popular, para evocar en esos lugares las emociones y estímulos a la imaginación, la creatividad y la comprensión; con ello, se evidencia el arte como práctica que posibilita la unión entre personas, resaltando nuestra humanidad compartida y las experiencias colectivas.

En la actualidad, Aular aprende y comparte con la comunidad Pemón de Moroco, en Canaima, Venezuela. Mañana conectará con otro lugar del mundo para continuar con la tarea fundamental de unir continentes, culturas y vidas en virtud del arte.

El viaje conectado

Conección perpetua

Ramón Aular celebra la pintura y lo textil en las obras resultado de sus ejercicios plásticos, en donde parte de la expresividad de la mancha como medio abstracto, así sus composiciones recrean escenas orgánicas con alusiones a la cartografía de territorios explorados, al espacio proyectado al interior de los pueblos conocidos y las posibilidades cromáticas que culturas y personas poseen en los colores de sus identidades e historias.

Con un uso innovador de diferentes medios y técnicas el artista logra crear una obra que desafía convenciones tradicionales y despierta una nueva forma de ver las tradiciones abstraccionistas que, desde mediados del siglo XX, se instalan en Venezuela ocupando progresivamente un foco de atención que convertiría a la abstracción artística en un referente importante de contemporaneidad y vanguardia local.

En la muestra seleccionada se presentan así un conjunto de obras que exhiben discusiones estéticas entre lo figurativo y lo abstracto, espacio de creación presente en las problemáticas del arte contemporáneo desde las cuales, Aular enuncia con precisión su dominio y destrezas en el tejido y lo pictórico.

El color deja de ser una presencia plana y se torna movimiento que interactúa en la fantasía recreada de nuevos mapas, nuevos territorios y formas que danzan en las condiciones de luces y sombras. La complejidad resultada del bordado textil aporta capas de profundidad, textura y relieves casi cinéticos, líneas paralelas que unen los lienzos con cientos de canutillos y mostacillas como vestiduras que ornamentan el destino del proyecto, la conexión.

En el diseño museográfico se ha destacado la intercomunicación del usuario con la obra, quien tiene la oportunidad de descubrir ambas caras del lienzo, un frontal donde resalta la combinación pintura-textil, fachada que recibe lo que se construye para ser mostrado protagónicamente; pero, en el arte textil ocurre que el reverso de la obra devela el trasfondo, el resultado íntimo, el dibujo no planificado que se crea del tejido en la parte posterior se convierte en metáfora de cicatrices internas, en emociones, fuerzas, recuerdos y eventos que componen el mundo interior que rara vez compartimos, y que pide ser observado, valorado y celebrado de igual manera.

Con esta exposición el Museo de la Cultura de Carabobo celebra y presenta al público venezolano el trabajo de Ramón Aular, su enfoque único y habilidad para comunicar emociones y conceptos abstractos a través de su trabajo. De este modo, se exhibe un talento destacado en la escena artística actual que hoy se consolida en el mundo desde su origen, desde su casa, desde el primer hogar, su Valencia.